Ya es un "TERRORISTA" antes de haberlo juzgado ... ¿DONDE ESTÁ LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA????


[ Mensajes 2002 - BBS Plaza Pública ]

Enviado por Anonim@ el 06 de Junio de 2002:

Carta de Juan Ra dirigida al juez encargado de su proceso de extradición, escrita después de la vista oral que se celebró el 23 de abril.

Miércoles 24 de abril ’02. Vught

Lo peor de ‘tener fe’ no es el acto en sí, sino descubrir, darte cuenta que has estado creyendo en algo que no existe.

Durante estos cien días que llevo preso en Vught he podido conocer a una persona, Victor Koppe, el abogado que me representa. En nuestras conversaciones, muchas veces me preguntaba cómo es posible que en España se me acuse de cosas tan graves y ni siquiera manden algo que sustente dichas acusaciones, cómo es posible que las respuestas del fiscal, señor Molina, estén llenas de contradicciones y mentiras tan flagrantes que incluso nosotros, desde aquí en Holanda, sin apenas medios, podamos demostrarlo. Y yo le explico que eso es lo normal en España. Él jamás me daría la razón si no estuviera viviendo en su propia piel, a través mío, todos los elementos escabrosos de este caso. Yo le explico que se repite el milagro de Dios, que es Uno y Tres al mismo tiempo, Padre Hijo y Espíritu santo, la Fiscalía y el Juez son Dios Todopoderoso y su palabra es la única verdad. Los! que vivimos en España hemos contrastado esa información tantas veces que finalmente la hemos interiorizado y forma parte de nosotros, como si se nos hubiera transmitido genéticamente. Victor Koppe, además de un maravilloso amigo es abogado. Es normal pues que crea en la Justicia.

Desde el primer momento en el que me detuvieron en Ámsterdam yo he tenido muchas dudas sobre qué hacer respecto a este proceso que tan doloroso y tan largo podría ser. Él me aconsejó que me acogiera a esta posibilidad pues yo siempre tendría la opción de pedir el proceso de extradición rápido, a través del cual, yo llegaría a Madrid en veinte días. Parecía una opción lógica, sin embargo la distancia, la incertidumbre y las condiciones tan duras del régimen en el que me encuentro me hacían mella. Mi principal objetivo ya lo había conseguido: había sido detenido en Ámsterdam, lejos de las dependencias policiales españolas donde se tortura sistemáticamente y con absoluta impunidad a los presos políticos. La policía holandesa me había respetado (no puede imaginarse lo agradecido que estaré siempre por el trato recibido – le aseguro que no hay rastro de iron! ía en mis palabras), para qué continuar pues en una prisión en la que sólo puedo mantener contacto con otros siete presos durante dieciséis horas a la semana; donde no puedo ni estudiar ninguna de mis dos carreras universitarias a punto de terminar, ni estudiar holandés u otra cosa en la escuela penitenciaria; donde no puedo leer mis libros, y donde sólo puedo hacer deporte dos horas a la semana. ¿Por qué? ¿Para qué continuar ciento cincuenta y dos horas semanales cerrado solo en mi celda? La verdad, no encontraba ninguna razón para este sufrimiento añadido al sufrimiento de estar recluido en una prisión, pensando como pensaba que aunque todo es mentira y que aunque no hay ninguna prueba en mi contra, me iban a llevar a Madrid.

Victor Koppe, pacientemente, me fue dejando entrever que la justicia holandesa no es como la española, que tendría la oportunidad de tener un juicio justo, que tendría incluso el derecho de hablar y expresarme con libertad. Usted no puede imaginarse lo que eso supone para mí. Pero ¿podré hablar libremente, sin que me interrumpan? Y me decía, sí. Pero ¿me escucharán los jueces y el fiscal? Y me volvía a decir, sí. Usted no puede imaginarse lo que eso representa en la mente de una persona que se sabe condenada y sentenciada de antemano y que, por supuesto, sus derechos básicos más elementales han sido ya violados (¿ha leído los recortes de la prensa española?). Lo siento pero usted no puede imaginarse lo que suponía la posibilidad de hablar y ser escuchado, un acto tan sencillo y tan primario y, tal vez por eso, tan esencial. Mi voz representa la voz de l! as minorías. La voz de las minorías políticas que somos los movimientos sociales de Barcelona. La voz de las minorías culturales de esa pequeña nación llamada Catalunya. Estoy acostumbrado, por tanto, a que mi voz sea silenciada. Sin embargo, mi amigo y abogado me decía que no, que debía de creer, que ahora sería diferente y que me iban a oír, que me oirían y que podría hablar. Llevaba semanas esperando el veintitrés de abril, y para mí, ahora, una semana no tiene siete días, tiene ciento cincuenta y dos horas de soledad, pura y dura, por eso es absolutamente imposible que usted comprendiera mi frustración, mi impotencia. Ni si quiera supo, ni tuvo interés en saber, qué era lo que yo iba a decirles. Esto es lo peor de creer, es tan duro el golpe que uno recibe de la realidad, que a veces no sabe cómo encajarlo.

Parece ser que en el tratado actual que existe entre Holanda y España está incluida, tácitamente, la famosa cláusula de confianza, que por lo que voy viendo sirve para dar mucho juego a los respectivos estados. Por lo que he podido entender de las explicaciones que mi abogado me ha ido dando, parece ser que como consecuencia de esa cláusula ustedes no van a entrar a juzgar “profundamente” los elementos que configuran “mi” caso, pues eso, en todo caso, es labor de España. Sin embargo, o no lo he comprendido bien o el concepto en sí me parece más confuso, pues es muy relativo o, digamos de una interpretación muy personal. Así que me gustaría saber en sus propias palabras, exactamente, cuánto de profundo van a juzgar mi caso. Porque claro, si nos centramos en lo que es el procedimiento mecánico de una extradición y sus elementos, el caso parece evidente, p! ues España presenta en “Sumario (proceso ordinario) 36/2001 (fechado a 31 de diciembre del 2001) en el que se dicta orden internacional de búsqueda y captura, y se ordena mi ingreso en prisión provisional (aunque nadie notificó esto en mi domicilio habitual), firmado por el juez D. Guillermo Ruiz Polanco. Al mismo tiempo, el juez Baltasar Garzón presenta otro sumario en el que propone al Gobierno de España a que inste la extradición de Juan Ramón Rodríguez Fernández, yo, adjuntando el documento de la fiscalía, firmado por Enrique Molina, en el que supuestamente se razona y/o argumenta jurídicamente sobre el alcance de mis delitos. Esto está claro, y en principio, basándose en el citado acuerdo de confianza, la decisión podría ser sólo una: mi extradición.

El caso es, si por un lado ustedes van a pedir o no a España alguna prueba que justifique todas las acusaciones que están vertiendo sobre mi persona o si con su palabra ya tienen bastante. Y por otro, imagino que subyacente en estos casos siempre está la cuestión de por qué un estado o alguno de sus departamentos quería mentir o acusar en falso a alguien. Para saber esto, claro, tendrán que escuchar muchas cosas. Estas eran las cosas sobre las que yo quería hablar ayer con usted y sus dos colegas, pedirles un ejercicio de sinceridad y que me explicarán si ven todo el proceso como una cuestión mecánica de una extradición sin más o si por el contrario van a leer atentamente todas las contradicciones que existen entre sumarios del Sr. Polanco, del Sr. Garzón y del Sr. Molina (mención especial a este último) y se van a cuestionar por qué, desde el principio! hasta las últimas respuestas llegadas de Madrid, acaban convirtiendo mi caso en un espejismo en el que ya no se sabe si existe algún hecho documentado o todo son diferentes conclusiones que van apareciendo, basadas, todavía no se sabe en qué. El exceso de detalles que cambiar oscurece la ausencia de información específica (Graham Greene).

Por otro lado, haciendo el mismo ejercicio de sinceridad que les pido, quiero explicarles lo siguiente. Mi abogado me ha dicho que el proceso de extradición, entre recursos que se pueden interponer a Tribunales superiores y demás cuestiones de ámbito jurídico, se puede alargar hasta doce, catorce e incluso dieciséis o dieciocho meses. Desde el primer día de mi detención, mi posición respecto a este punto ha sido claro: no voy a interponer ningún ardid jurídico para retrasar mi posible extradición, si ésa es su decisión final. Ni tan si quiera recurriré a su sentencia: iré a Madrid si esa es su postura o me quedaré en Ámsterdam si así lo consideran. Y desde ahora también lo notifico, si me dan la oportunidad de quedarme en su país, dedicaré todo el tiempo de mi vida a denunciar públicamente al estado español y sus continuas vulneraciones de los derechos ! individuales y colectivos más básicos, hasta el día en que se me juzgue en Madrid, fecha en la que me presentaré a dicho juicio para defender mi inocencia y acusar a la Audiencia Nacional de Madrid de colaborar con los montajes policiales para criminalizar a los movimientos sociales de Barcelona.

Creo que no le estoy pidiendo ni ningún favor personal ni algo que no “esté en sus manos”, como dijo ayer, en referencia a la prohibición de leer mis libros. Sólo quiero saber si le basta la palabra de la Audiencia Nacional o cuánto de profundo va a analizar los elementos que en este juicio están sobre la mesa.

Ayer, después del juicio, cuando me bajaron de nuevo a los calabozos, estuve desahogando mi impotencia y mi amargura de la única manera que podía hacerlo: llorando, llorando desconsoladamente hasta que vinieron a buscarme para poder hablar con mi abogado apenas cuarenta minutos. Cuando nos vimos me dijo entender cómo me sentía, y le contesté que no, que es muy diferente entender cómo se siente una persona frustrada a estar frustrado, qué es muy distinto comprender como se siente una persona violada a ser violada. Y le dije que me sentía absolutamente idiota por haber creído, que éste es un caso muy incómodo para Holanda y que nadie va a defender a una voz crítica y solidaria que está pagando las consecuencias del gran delito que ha cometido: denunciar públicamente los abusos políticos y policiales que se dan en España. Que como se dice hab! itualmente en términos de ajedrez, juegan blancos y ganan blancos. Como siempre. Y le dije, finalmente, que necesitaba unos días para pensar fríamente si me acogía a mi derecho de extradición o esperaba (“¡Seguir esperando cuando personalmente ya nada se espera” – Gabriel Celaya) hasta junio. Y aquí estoy, escribiéndole esta carta con la sangre quizás más caliente de lo que debería, y sin saber cómo acabarla, pues son tantas las cosas pendientes que le explicaría!……. Usted sabe perfectamente, que éste es un juicio político y que su decisión, sea cual sea, tendrá unas repercusiones igualmente políticas. Que la fuerza le acompañe.

Le dejo con unos versos de Pablo Neruda, el poeta chileno:

No me siento sólo en la noche,

En la oscuridad de la tierra.

Tengo en mi voz la fuerza pura

Para atravesar el silencio.

Juan Ramón Rodríguez Fernández, 24 de abril. Vught

PD: Espero una respuesta suya lo más rápido posible.

Llibertat Pres Polític Juan Ra!!
www.freejuanra.org



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