A QUIEN CORRESPONDA

 

EL MERCADO DE MAYORISTAS

 

 

Cuando aquella mañana del día 6 de febrero de 1949 se celebró la sesión extraordinaria municipal en el local del Grupo Escolar Carazony, habilitado al efecto como Casa Consistorial debido a las obras de reformas que en esos momentos se realizaban en el edificio del Ayuntamiento, el alcalde, don José Chicano de la Barcena, después de dar posesión de sus cargos a los nuevos concejales que gestionarían los destinos de Coín durante los próximos años, pasó a dar lectura de la Memoria comprensiva de la labor desarrollada por la comisión gestora municipal saliente, diciendo :

"Y por último, tengo que manifestar que se ha estado estudiando, en estos últimos días, la construcción de un Mercado de Abastos para mayoristas, y otro para minoristas, por el sistema de prestación personal, sin lujo de ninguna especie, porque Coín no tiene capacidad económica para ello; pero sí, que estén protegidos de las inclemencias del tiempo los productos que allí se expendan y dentro de las vigentes leyes sanitarias".

 

 

 

 

El proyecto mereció todos los parabienes necesarios para que, por fin, meses más tarde pudiera colocarse la primera piedra del futuro Mercado de Mayorista; el lugar, unos terrenos adquiridos cercanos a las llamadas Viviendas Protegidas que hasta entonces venían utilizándose como campo de fútbol del Recreativo Coineño.

A su inauguración, el 29 de agosto de 1954, vino el señor gobernador de la provincia y Jefe Provincial del Movimiento, recordándose por los mayores aquel día como memorable en la historia de esta ciudad, y en el que todo el mundo se echó a la calle por el acontecimiento.

 

 

 

Hasta entonces, el Mercado, en su doble significación: como recinto y como actividad económica y comercial que se desarrolla en ese lugar, venía estando ubicado en la plaza Bermúdez de la Rubia, y allí se desenvolvían las relaciones entre los agricultores de la zona, asentadores, mayoristas y, en general, quienes vendían y compraban los frutos y productos de la tierra.

Allí, en esa plaza y a las faldas de la escalinata que da acceso a la parte posterior de la Iglesia de San Juan, se exponían vistosamente los cestos de naranjas, peros, mandarinas, lechugas, cebollas, patatas, acelgas, pimientos, tomates, limones, coles, habichuelas, berenjenas, melones, sandías y todo cuanto en esta bendita tierra prometida, que era Coín, criaban sus campos.

 

 

El traslado al nuevo mercado supuso para Coín una alegría colectiva. En el nuevo mercado podía desarrollarse esa actividad en mejores condiciones de espacio; los productos de las huertas quedaban allí bajo el amparo y protección de su inmenso techo, frente a las inclemencias del frío y del calor; el local reunía ya las condiciones de higiene y salubridad que los tiempos requerían, y a ese valle de huertas que es el campo de Coín se le puso con ello una casa, una razón social, un lugar de encuentro diario.

Fue aquello de una luz y color tan especial que hacía presagiar un buen futuro económico para el campo, para Coín.

 

 

 

 

Y efectivamente, así fue, para un pueblo eminentemente agrícola como es el nuestro, que tuvo en sus campos el mayor motor de su riqueza y prosperidad, el Mercado de Mayoristas dio a Coín un bienestar y desarrollo tal que prácticamente todavía estamos viviendo de aquellas rentas.

 

 

 Durante más de tres décadas, desde ese mercado salían diariamente camiones cargados de frutas y hortalizas para media España: Madrid, Jaén, Melilla, Zamora, Valladolid y un largo etc... eran sus destinos.

 

 

Al venir a Coín era visita obligada el Mercado, convirtiéndose éste, por mor de su alegría al comprar y vender y su frenética actividad, en un punto de mágica atracción y potentísimo comercio local.

Llegaba a tal punto el Mercado de Mayoristas que (como me recuerda Juan Jiménez Frías, perfecto conocedor de este tema y persona que ha echado los dientes en ese Mercado) se convirtió en una atracción turística de la zona de tal magnitud, que las visitas de turistas de todo el mundo que se realizaban diariamente a nuestra ciudad y organizadas por agencias de viajes en pleno boom de la Costa del Sol llevaban incluidas la visita al Mercado y desayuno con churros en el mismo lugar.

 

 

 

Fueron las huertas, el campo de Coín, los que a través del Mercado de Mayoristas y la actividad económica y comercial por él generadas, impulsaron en aquellos años el desarrollo de nuestro pueblo, y muchas familias comían y vivían de ello.

El Mercado daba trabajo a muchas gentes, no sólo en nuestros campos, campesinos y agricultores -tenían que sembrar, labrar, recoger y trasladar los productos- sino también a los asentadores, que en sus cuarteladas los recibían. Allí se compraba y se vendía todo lo propio. El cafelito, la copa, la charla, el trato el cigarrito... Los transportistas colocaban los pañiles, las cajas y los cestos en sus lugares de destino y, como decía, en media España se consumía la naranja de Coín; la fruta estrella de nuestros campos, la joya del mercado, el producto clave de la actividad mayorista de nuestro pueblo; el orgullo de la huerta, la naranja de Coín.

 

 

 

 

La naranja de Coín, en sus dos variedades: la dulce y la china, sin olvidar la mandarina castiza que aún perdura.

La naranja, como me recordaba de nuevo Juan Jiménez, llegó a tener hasta denominación de origen. La naranja daba trabajo, entre otros, a muchachas que las liaban primorosamente en papel blanco fino -existían verdaderas virtuosas de su envasado-, de tal forma que cuando en Valladolid, Madrid, o Zamora, por ejemplo, compraban aquellas naranjas, éstas iban una a una envueltas en ese papel con el texto de su denominación: "Naranja de Coín".

 

Del esplendor del Mercado de Coín y la actividad económica que generaba, sólo queda ya, desgraciadamente, el recuerdo y debe tomar buena nota quien corresponda.

Coín, tenemos que reconocerlo, se durmió en los laureles cuando en el resto de Andalucía y España la transformación del campo empezaba a producirse.

Unas veces por falta de información a los agricultores y otras también por despreocupación de éstos, la verdad es que el campo no se actualizó, no se modernizó, siguió funcionando con las estructuras y métodos de antaño.

La naranja empezó a perder peso y calidad frente a otras variedades que comenzaban a ser más competitivas en los mercados. Las nabelate, nabelina, nule, clementinas etc... desplazaron la "Naranja de Coín" de los puestos y, el gran Valle del Azahar, ya no llegó nunca ser lo que fue.

La reconversión que el campo de Coín necesitaba para su adaptación a los nuevos tiempos no se produjo; los árboles no se injertaron en otros productos; no se adaptaron a las nuevas fórmulas de venta; no se construyeron naves frigoríficas; el Mercado de Mayoristas, ya en el centro urbano, no permitía la maniobrabilidad necesaria para los grandes camiones de transportes utilizados en la carga y descarga; las redes de distribución y venta se nos fue de las manos; otras zonas de la provincia en donde no existía hasta entonces producción cítrica empezó a desarrollarlas de acorde con la modernidad que exigen los nuevos tiempos; no se crearon asociaciones y cooperativas por donde dar seguridad a la producción, hasta el extremo que hoy, para comercializar y vender sus productos, las personas de Coín que explotan sus campos han de ir con sus limones o almendras, pongo por caso, a Cártama o Guaro y estar asociados a entidades fuera de nuestra localidad, de la cabecera de Partido que todavía seguimos siendo; falta de ayudas y subvenciones; políticos incapaces de gestionar salidas y soluciones; la fragmentación del propio campo cada vez más minifundista y familiar y otras muchas razones mas, convirtieron ese gran Mercado de Mayoristas de Coín y su actividad generadora de riqueza en prácticamente nada, en lo que hay hoy.

Hoy, cuando de camino al Juzgado paso por las calles laterales del Mercado y veo el estado en que se encuentra -y no me refiero sólo al lugar o edificio, sino a su actividad creadora de riqueza, de trabajo, de prosperidad- no puedo por menos que buscar con la mirada a quien corresponda para preguntarle qué pasó con aquello, dónde ha ido a parar nuestro Mercado, żnadie hace ya nada por remediar su desaparición?, o es que ya ha desaparecido. żYa no hay Mercado?

Hoy, parece ser, lo único que interesa del Mercado de Mayoristas es el solar, dado que ahora mismo sólo es ocupado, una parte por los pocos asentadores que quedan en sus cuarteladas, y otra es utilizada como almacén municipal.

 

 

 

 

Creo que es buena y positiva la polémica suscitada en nuestro pueblo a raíz de ese espacio, de su utilización y aprovechamiento, de su definición como espacio público o privado -siempre público-, de si será solar o sería conveniente mantener la edificación; incluso me consta que existe desde hace meses la denominada "Plataforma pro defensa del Mercado", interesada en su futuro urbanístico, que lucha por su recuperación como entorno ciudadano; para ella, mi saludo.

 
 

Pero, desde mi creencia de que son positivas siempre las opiniones contrarias cuando estas se manifiesten con el único limite del respeto y la educación, me permito aquí reflexionar sobre ello, entendiendo que lo realmente importante en la cuestión del Mercado de Mayoristas no es el solar, que también, ni el futuro incierto de su edificio, que también lo es; lo realmente importante aquí es el mercado en sí, el hecho de que ya no existe mercado; que la actividad productiva de nuestros campos ya no es; que el Mercado de Abastos ya casi no existe; que eso es lo que estamos perdiendo; que eso es lo mas importante; que tenemos que remontar de acuerdo con los tiempos que vivimos para volver a disfrutar del esplendor que en otro tiempo tuvimos; que ese inmenso potencial de riqueza que es el campo de Coín es lo que hay que recuperar, reconvertir, modernizar, adaptarlo a las nuevas demandas, que en este tema eso es lo mas importante; que lo entienda quien corresponda.

José Manuel García Agüera

Coín, febrero de 1997

 

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